Sábado , octubre 21 2017
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Cliente en entrenamiento (o cómo Superama le lava el coco a tus chamacos)

No es novedad que desde hace siglos (¿milenios quizá?) los padres en distintas culturas han procurado proveer a sus retoños con diversos objetos para que “jueguen al adulto”. La costumbre sigue vigente pero ahora plastificada, ya sea con herramientas de juguete, planchitas, cocinitas, muñecas, cochecitos montables y demás chucherías que van preparando a los infantes para el rol que se espera de ellos cuando se “integren a la sociedad”. De ese modo se implanta en la mente de muchas niñas el ideal de ama de casa y, en el caso de otros tantos niños, la obligación de ser el proveedor (“feo, fuerte y formal”) cuya fuerza de trabajo debe ser destinada a sostener una casa (en fin, linduras por el estilo, que nos tienen en el estado actual de “civilización”).

toy tools hummer juguete oficina juguete

Pues aunado a todo eso, hay empresas que cooperan en esa programación mental de criaturas inocentes que no tienen las herramientas psíquicas e intelectuales para defenderse: empresas como la cadena de supermercados “Superama”, propiedad de los Walton (dueños también de Walmart, Bodega Aurrerá, Sams Club y otras tantas empresas). ¿Por qué hacen eso? Evidentemente porque con ello obtienen y obtendrán un importante beneficio monetario. ¿A qué tipo de acciones me refiero? Pues específicamente a esa aberrante táctica mercadológica de poner al alcance de las familias coloridos mini carritos de súper que, obviamente, llaman la atención de los chamacos y sus padres, quienes ven en ellos una buena oportunidad para mantener entretenidos a sus niños en una actividad que de otro modo sería aburridísima para ellos: recorrer pasillos retacados de diversos artículos en venta. De esa forma continúa el aprendizaje de roles que los infantes dejaron pendiente en casa con sus juguetes de adulto chiquito.

toy kitchenclientecito

Por supuesto, la empresa podría argumentar que hace eso para “ayudar a los padres” y hacer de las compras una “experiencia placentera”, razones que, analizándolas un poco, se podrían desechar fácilmente, si no fuera porque muchos padres, consciente o inconscientemente, así las asumen y aceptan. Supongo que tener chamacos y cuidarlos 24/7 debe ser tremendamente agotador, por lo que seguramente se agradece cualquier respiro de tan demandante responsabilidad. El problema reside en que eso es precisamente lo que aprovecha Superama para irse posicionando sólidamente en el cerebro aún en desarrollo de sus potenciales clientes y lo hace sin pena ni empacho alguno, al contrario, se enorgullece de esa labor de programación: todos los carritos para niños tienen una banderita con la leyenda “Cliente en entrenamiento”. ¿En serio, Superama? ¿De plano ese nulo nivel crítico indican los carísimos estudios que los Walton realizan a la psicología de sus clientes? A mí en lo personal ya me parece bastante repulsivo que los dueños de ese tipo de tiendas sólo nos vean como entes manipulables que les van a dejar dinero y van a correr a sus tiendas al escuchar cada nueva “oferta”, pero que a los niños (humanos en desarrollo físico y mental) los vean prácticamente como a muñequitos de plastilina cuyos hábitos pueden ir moldeando con el consentimiento de los padres ya me parece francamente violento.

banderita-cliente

Sin embargo, corajes como los que yo hago con este tipo de cosas al parecer los hace poca gente, no la suficiente como para que ese “entrenamiento” de futuros consumidores se modifique, o por lo menos se vuelva menos descarado. En una visita a Superama pude ver a distintos padres y madres muy despreocupados, incluso ayudando a sus hijos a echar cosas al interior de sus carritos de super en miniatura. Es un hecho que el condicionamiento de las nuevas generaciones de monitos consumidores y reproductores de roles sociales es vital para que nuestro sistema económico no se acabe de desplomar de una vez por todas. La pregunta es: ¿Alguna vez te has cuestionado ese tipo de hábitos que tu familia te enseñó y a su vez estás enseñando a tus hijos? ¿Qué podemos hacer al respecto a nivel individual? Quizá procurar comprar nuestra despensa en la tiendita del barrio (de esas que los Oxxos y otras tiendas “de conveniencia” están forzando a salir del mercado) o en los tianguis, que afortunadamente siguen fuertes. O quizá podemos empezar por ser un poco más críticos de la forma en que los grandes monopolios nos tratan: ellos nos necesitan más de lo que nosotros a ellos, no lo olvides.

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