Sábado , octubre 21 2017
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Escribir del muerto o ser el muerto

Recuerdo cuando mi abuelo me llevaba al peluquero, con un señor que aún vive y que se llama, se apellida o le dicen “Santos” (nunca supe qué onda con su apelativo). La cuestión es que él siempre tenía en su barbería el equivalente de las revistas de chismes que tienen en las actuales estéticas unisex, pero para ruquitos: un montón de revistas “Alarma!”. Aunque también tenía revistas “Siempre” por si alguno de sus selectos clientes tenía intereses intelectualoides, usualmente las “Alarma!” eran las que más se leían, como lo indicaba el hecho de que estaban mucho más arrugadas.

Alarma Siempre

Pero lo que tienen en común las revistas de chismes de las estéticas y las revistas de muertitos de las barberías, es esa capitalización del morbo entre la gente. Ese morbo que nos hace detenernos ante un puesto de periódicos para ver (furtivamente en algunos casos y en otros muy detenidamente) las fotos de cada nueva desgracia ajena o cada nuevo chisme de “famosos”, ese morbo que hace a una multitud detenerse ante un accidente y no precisamente para ayudar, sino porque al ser humano le causa alivio (¿acaso placer?) saber que lo malo le pasó a otro. Creo recordar que la película “Tesis” de Alejandro Amenábar trata un poco sobre ese tema.

Lo lamentable es que actualmente en México hay tantos muertos a diario que ya las publicaciones en general no se esfuerzan por escribir encabezados alarmistas (como aún hace “La Prensa”), sino que varios de los nuevos pasquines compiten abiertamente por ver cuál publica la frase más “graciosa” o “ingeniosa” sobre lo que le haya pasado al muerto o muertos cuya foto esté en primera plana. Eso demuestra que ya los decesos (usualmente por ejecuciones y homicidios) no son novedad y si se quiere vender, la pugna ahora es por quién tiene la mejor foto del cadáver o quién es más chistosito. Hoy por la mañana, fue el caso de un hombre decapitado:

portadas-alarmistas
*Para quien no vive en México: “tirar rostro” y “¿con qué cara?” son dos expresiones comunes que en la foto se utilizan como juego de palabras.

 

Cabe aclarar que a veces, cuando no hay un accidente u homicidio especialmente “atractivo” y de potencial éxito de ventas, ponen alguna foto sexosa para aventarse alguna línea alburera. La onda es vender a costa de lo que sea y quien sea. Esos son los nuevos “periodistas”: los que prefieren hacer eso para ganarse la vida a denunciar corrupción en la clase política o su asociación con el narco, porque, claro, a los que hacen eso en este muy católico país, los secuestran, los torturan y luego aparecen muertos (para probablemente volverse la portada del día en las publicaciones más vendidas).

Siempre habrá gente que esté en una chamba sólo por el dinero, pero afortunadamente, aunque pocos, aún quedan en el periodismo individuos con verdadera vocación, ética profesional y compromiso con la verdad, que buscan dejar un legado del cual ellos y su familia se podrán enorgullecer, algo constructivo, que se esfuerzan por mejorar a esta sociedad, aunque en el camino arriesguen su propia vida (pero, como dije, son los menos). A ellos, muchas gracias por hacer lo que a la mayoría sencillamente nos da miedo en este país de impunidad.

Así las cosas con nuestra aceptación de la violencia cotidiana y nuestras actitudes bovinas como población.

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2 comments

  1. Considero que la muerte no debería ser algo que se deba ocultar, sería regresar a los tiempos en los que a los doctores no se les permitía manipular cadáveres y esto limitaba su aprendizaje. Pero tampoco me agrada que se utilice para hacer mofa o ridiculizar, convenientemente nuestro gobierno autoriza este tipo de publicaciones porque prefiere que las personas se rían de los muertitos y no que se preocupen o se informen sobre las causas de tanta violencia, lamentablemente las pocas personas que investigan y reportan los abusos normalmente terminan en primera plana de esas publicaciones.

    • En algunos casos (en los hospitales privados, por ejemplo), la gente paga para que se “oculte la muerte” o se suavice el proceso al menos. Al paciente se le tiene en áreas privadas y se les traslada en elevadores distintos cuando van en camilla, a diferencia de cuando uno va a los hospitales del IMSS e ISSSTE, donde a los enfermos y pacientes los suelen atender en áreas compartidas y a veces a uno le toca ir en el elevador junto a alguien que va en camilla, con suero, diálisis u otras cosas. La muerte nos fascina en igual grado que nos atemoriza: nos repele y nos atrae alternativamente.

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